Huída

martes, 29 de septiembre de 2009

A cada paso un poco más cansado, a cada bocanada de aire un poco más jadeoso. Herb llevaba varios minutos corriendo sin parar y sin seguir una dirección concreta. A su cabeza venían los recuerdos de lo ocurrido hace tan solo unos minutos, se sentía culpable, y no sin razón.

Cuando creyó estar a salvo dejó de correr, se encontraba en un callejón estrecho, de poco más de 2 metros de ancho. A pesar de haber cesado la carrera aun parecía sentir que sus piernas seguían corriendo, un pequeño impulso dentro de él le llamaba a reanudar la marcha, pero el agotamiento y todo lo ocurrido le tenía aturdido. Se agachó para coger aire, colocando las manos en las rodillas e inspirando grandes bocanadas. A lo lejos comenzó a oírse una sirena de lo que pensaba era una ambulancia, se puso tenso, la policía no tardaría en salir a buscarle. A la mente le volvían los recuerdos de su estancia en prisión y de lo poco gratificante que fue para él, y de que si le cogían esta vez, podría volver allí con el pretexto de sus frecuentes robos, sabía que, tras lo ocurrido, probablemente se le impusiera una pena mayor a la de cualquier otro ladrón.

El recuerdo de aquella mujer volvió a azotarle la cabeza - “debería haber parado” – el remordimiento le comía la conciencia, no sabía cómo estaba la víctima del atropello, viva o muerta, consciente o inconsciente, si le había visto o no, Herb se negó a pensar en esto último, le pareció una reflexión egoísta.

Unas voces distrajeron su atención, dos jóvenes caminaban por uno de los extremos del callejón, uno de ellos giró la cabeza en su dirección. Con un movimiento rápido, Herb se colocó el sombrero de manera que le tapara la parte superior de la cara y se recolocó el cuello del abrigo tapándole la inferior, agachó la cabeza, y fingiendo embriaguez se dejó caer sobre una de las paredes del callejón.

Una vez desaparecieron los chicos, Herb decidió enfriar su mente para pensar con más claridad. En primer lugar decidió deshacerse de la cartera robada, en ese momento el pánico lo aprisionó, llevaba la cartera en la mano al comienzo de la carrera, pero ahora no la tenía, miró en sus bolsillos pero tampoco estaba ahí. Tras varios segundos de reflexión llegó a una conclusión que le pareció razonable. - Probablemente la solté durante la carrera, ¿cómo he sido tan estúpido? Me juego mi libertad por algo y luego lo suelto por las buenas. ¿Dónde estará?- intentó rememorar el camino seguido desde el mercado a su posición actual, pero no lo conseguía, el terror que había vivido durante la espantada y los metros que había recorrido, eran un arma en contra. Tampoco podía arriesgarse a volver sobre sus pasos hasta encontrarla ya que podía ser descubierto, resignándose decidió esperar hasta entrada la noche, solo le quedaba esperar que no la encontraran y la relacionaran con los sucesos del mercado.

Herb decidió resguardarse un poco más de las miradas indiscretas, se levantó, movió dos contendores que había en el callejón y se sentó entre ambos. Cuando su mente se despejó, volvió a sentir de nuevo las necesidades de su cuerpo, el hambre apuñalaba su estómago y la sed hizo acto de presencia en su garganta, aquel robo, más que aliviar sus necesidades, las acentuó aun más.

2 comentarios:

Bonis dijo...

Puede ser que yo sepa dónde está esa cartera,.....
No está mal y además he conseguido recordar el personaje sin tener que leer los anteriores otra vez así que eso es bueno. Pues nada tio espero tu siguiente historia.

Jeckyll dijo...

Me ha gustado sobre todo el ambiente angustioso del personaje, esta bien.