Apaño

lunes, 21 de septiembre de 2009

Francis caminaba despreocupado intentando no pensar en los acontecimientos ocurridos tan solo unos minutos atrás. Aún recordaba la imagen de aquella mujer con el cuerpo contorsionado en una postura que no pensó que el pudiera conseguir hacer estando siquiera en su mejor forma física. Aquella imagen le revolvía el estomago. Sin embargo, no sintió ninguna compasión por la mujer ni creyó que debiera tenerla, puesto que no la conocía y probablemente no volviera a verla nunca, sentía un poco de pena por el taxista, puesto que le había caído simpático, pero eso era todo.

Tras caminar unos minutos se detuvo en una parada de autobús, miró el horario y se sentó a esperar a que este llegara. Pasaron solo unos minutos hasta que el vehículo apareció, Francis subió y se sentó en los asientos del final, como estaba acostumbrado a hacer.

En el trayecto pensaba en como explicaría a su familia su ausencia la noche pasada, no quería confesar su salida nocturna ya que su padre había prometido fuertes represalias si cometía otra espantada, en el fondo no pensaba que el castigo pudiera llegar a molestarle, pero si podía ahorrárselo mucho mejor, además tampoco quería tener que escuchar otra de las largas charlas de su padre. Entre pensamiento y pensamiento giró la cabeza y vio su reflejo en el cristal, vio que tenía un aspecto deplorable y que por muchas excusas que pudiera inventar, no podía presentarse así, puesto que entonces ninguna de ellas valdría para nada, decidió hacer una parada en algún local cercano para arreglarse un poco y, si era posible, cambiarse la ropa por otra más limpia.

Cuando llegó a su destino se dispuso a bajar del autobús y estuvo a punto de chocar con un hombre que, sin que él se diera cuenta, se había sentado a su lado. Antes de que Francis pudiera decir nada, el otro hombre se levantó para bajar del autobús y él siguió su camino. Una vez abajo decidió poner rumbo a un bar cercano donde tomar algo y arreglarse un poco. Localizó dos locales distintos y optó por el que parecía albergar menos gente, con la esperanza de no encontrase con alguno de los empleados de su padre que hubiera salido a descansar. Entró en el establecimiento con la cabeza gacha y saludó con un hilo de voz a la vez que miraba de reojo intentando ver si había alguna persona que pudiera reconocerle, al observar que no era así se dirigió al barman y le preguntó por la localización del baño.

El baño era realmente diminuto, pero tenía lo que el necesitaba, un espejo y agua, suficiente. Se mojó las manos y se moldeó el pelo hasta que creyó que su retrato estaba algo decente. Justo cuando se disponía a salir entró un chico que aparentaba ser mas joven que él y que, para su satisfacción iba bastante bien vestido. Francis sacó 200 euros de su cartera y se dirigió al chico. – ¿estás interesado en ganar dinero sin hacer nada?- el chico lo miró extrañado. –solo tienes que darme tu camisa y tus pantalones.

El joven tardó un poco en asimilar lo que Francis le pedía, tras esto se encogió de hombros y sin decir ni una palabra, se dispuso a desnudarse.

3 comentarios:

Bonis dijo...

Veo que empiezas con fuerza. Sigue interesante además de sorprendente. Quien coño sale a la calle de fiesta con tanta pasta. Aquí se cuece algo jaja. Por cierto al final del primer parrafo y en el tercero abusas un poco de las comas y deberías acortar un poco las frases.Algun punto favorecerían la lectura. Por lo demás esta bastante bien.

Roberto Lí dijo...

Lo dicho: falta.
Y de eso se trata. A buscar tu techo literal

Mario dijo...

siento nopoder se muy critico ya ke no leo muxo, ke sepas ke en genral a mi me a paecido mu bien escrito jejeje
esta guay pork vete tu a saber de donde a salido un tipo como ese y ke hizo para estar taan deprorable
Aunque no de mi estilo lo considero un relato interesante