Y vuelve una historia…la historia de una posguerra…

viernes, 13 de marzo de 2009

Debido a ciertas actividades esta semana no he escrito casi nada, menos mal que os tengo a vosotros para mantener vivo el blog. El miércoles subí una historia de Ayo y hoy le toca a otra que me envía Cristian. Disfrutadla y recordad que podéis enviar vuestras propias historias a literaturamateur@hotmail.com.


Desde hacía unos años siempre se hacía raro verle con esa indumentaria eclesiástica, con ese hábito de párroco a todas horas. Era atípico creer que aquel joven había abandonado toda su juventud, por consagrarse en absoluta entrega de fe y espíritu a dios. Sin duda alguna la vida de Fermín había tomado un viraje impresionante. (Hablar más sobre la relación de devoción)
Me acuerdo en una ocasión, en los albores incipientes de la Guerra, que Fermín y yo manteníamos una de las tantas conversaciones clandestinas, típicas de por aquel entonces...

¿Y sabes lo que me ha dicho mi padre, Daniel? que la iglesia solo quiere el bien para España, que su apoyo al bando de los nacionales es como una cruzada salvadora para emanar la paz, el mensaje de dios, el catolicismo a la patria... ¿Tú qué crees?-terminó de exponer Fermín.

-No sé, fermín...-dije con timidez de ignorante.

-Yo tampoco sé. Cada vez entiendo menos a mi padre. Desde que comenzó la guerra no sé qué le pasa .Ha cambiado mucho, Ya no es el mismo de antes. Dijo triste cabizbajo. Su tristeza supuso la premisa al silencio desconcertante al que nos sumimos.

Escuchar a Fermín siempre era de lo más interesante. Casi siempre mostraba una sinceridad e interés absolutos hacia mí., .Como si yo fuese la mejor persona para guardar sus secretos, sus ideas deliberándose ante aquel espacio apenumbrado como era el descansillo de nuestro portal. como era todo por aquel entonces...
Compartía vivencias, despertaba recuerdos, mostraba sensaciones de todo aquello que le había dejado, y dejaba una intensa vida de 14 años.
Todo eso ante la ignorancia de un niño de 6 años que casi siempre contestaba:
“no sé, Fermín”.
Tal vez, solo quería eso, que aunque le mostrase mi ignorancia, con el asidual no sé, intentaba siempre escucharlo, hacer de la manera más posible que atendía palabra por palabra comprendiendo el sentido de todo aquello que decía en cada noche sobre las escaleras del descansillo.
Fermín contaba, desde hacía años atrás, con un desorden en su entorno familiar (El terror tan caótico que estaba produciendo) la guerra parecía haber enquebratado toda la armonía que siempre se encontraba en su hogar.
Su padre, como él bien me dijo, había cambiado, Su carácter no era el mismo, como aquel hombre tan generoso y afable que desde mi uso de razón había tratado. Ahora se había convertido en un personaje raro, un tanto maquiavélico, con un carácter amargo, y una presencia funesta. No era más que un hombre desgraciado, sometido a las trágicas circunstancias del momento.
Siempre se había corrido el más que rumor entre vecinos, que el padre de Fermín rodeaba las altas élites políticas del momento, con propósito de ser delator participaba en asuntos conspiradores contra la República Así, ya en años sucesivos, estallada la guerra
Marchó como militante en el frente nacional. Al igual que él la madre marchó obligada como voluntaria al mismo frente como auxiliadora social.

La vida de los Arnedo cambiaba al mismo pasó, y casi de la misma forma que cambiaba otros hogares de la época, y Madrid en el transcurso de aquellos años. El fantasma de la ira y odio yacían en la conciencia de los que gozaban con aquel sentimiento de llamarse “españoles”. Era más que un conflicto de sangre y matanza en un misma nación, y en un mismo pueblo de hermanos, Madrid era la vorágine de un genocidio. Tiempos después de aquel conflicto incivil la sombra y desolación aún cubrían, sin freno, a modo de niebla cada minúsculo escondrijo remoto, lejano o no de existencia humana. Tanto la miseria como el miedo emergían sobre el aire frio y asfixiante, impregnando hogares, familias, e incluso hurgando la propia piel, remordiendo el gusano del miedo que se mecía en las entrañas. Sentíamos en nuestras carnes la certeza de una incertidumbre inexplicable; la vida podía transcurrir con la obsesión de un futuro incierto, con unos tiempos venideros donde sólo se alojaba la utopía, donde el volver a empezar estaba lleno de infortunio y desconcierto. Simplemente con la desgraciada esperanza a que no te matasen en plena calle, como a un perro por desdenes de la época o, simplemente, resignado a la dura hambre que clamaba muerte…


Por cierto he encontrado algunas faltas de ortografía, por favor intentad mandarmelas ya corregidas, no se si quedará alguna por ahí.

5 comentarios:

Ábaco dijo...

Me ha gustado el relato, aunque no puedo evitar pensar que la historia está inacabada, no se si habrá segunda parte o no, espero que sí.
Por lo demás me encanta, muy bien tocado el tema y excelente la descripción de los pensamientos del personaje. Me gusta.

Cristian dijo...

Sí, la historia,como es evidente no acaba.Es sólo una parte,la historia en sucio es la que te he mandado.(un error mio)Le falta algunos retoques(los que ya sabéis xD)
Pero en fin,espero que os haya gustado la idea,esta historia que trata del madrid de los años 40.

Sandra dijo...

Siii como un cuentame ¡

Bueno cuantas historias inacabadas hay por aqui. haber si se van actualizando.:)

Alejandro dijo...

Muy interesante, aunque creo que esta historia me merece una segunda lectura, sera por la empanadilla que llevo estos días, XDD. Me gusta mucha cómo se desarrolla el relato, tiene muy buena pinta.

Cristian dijo...

segunda lectura????